martes, 2 de mayo de 2017

2 de mayo de 1982: 'Operación Banzai'. La única oportunidad de victoria argentina en las Malvinas







La noche del 2 de mayo de 1982, en unas horas se cumplirán 35 años, durante la Guerra de las Malvinas, y con los británicos avanzando en todos los frentes, la Armada Argentina tuvo una única oportunidad de infligir tremendos daños a la flota enemiga enviada para recuperar las disputadas islas tras su captura por los argentinos. Fue llamada 'Operación Banzai' por dos motivos: sería la última batalla posible al estilo de los enfrentamientos entre portaaviones convencionales de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, y, como si de aviones kamikaze se tratase, acarreaba prácticamente el suicidio de casi todas las unidades propias enviadas contra los británicos, aunque los daños causados podrían ser tan inaceptables para el gobierno de Margaret Thatcher que, muy posiblemente, pensaban los estrategas navales argentinos, forzarían la negociación de un alto el fuego con las islas aún ocupadas por tropas argentinas...

Por primera y única vez desde el inicio del conflicto, la Armada Argentina tenía localizada y a tiro de su aviación embarcada (8 cazabombarderos ligeros A4Q Skyhawk, 4 biturbohélices antisubmarinos S-2E Tracker, 3 helicóperos antisubmarinos Sea King y otro Alouette III para labores de rescate de pilotos y enlace) a bordo del portaaviones '25 de Mayo' a lo más granado de la Royal Navy a tan sólo 150-200 millas náuticas de distancia... mientras que los buques británicos y sus muchos aviones de patrulla y sensores no habían conseguido detectar a la flota enemiga, en posición tan peligrosamente cercana... El plan argentino exigía velocidad y determinación: lanzar todo lo disponible en un solo ataque que recordaba a las desesperadas operaciones de la Flota Combinada de la Marina Imperial Japonesa a finales de la SGM, y había que hacerlo antes de ser detectados y atacados por la muchísimo más poderosa flota británica...

El plan era el siguiente: las entonces tres nuevas corbetas argentinas de origen francés (recibidas entre 1978 y 1981) aprovecharían su velocidad para meterse por el flanco británico y lanzar una docena de los letales misiles antibuque Exocet, al igual que otra docena sería lanzada desde los tres viejos destructores de origen estadounidense de la Clase Seguí y otros cuatro desde el no menos veterano de la Clase Py. 28 misiles antibuque, todos los disponibles, lanzados al unísono en una gran salva desde las siete unidades menos poderosas... a los que podrían unirse también otros 8 misiles Exocet lanzados desde los 2 modernísimos destructores Tipo 42 argentinos, el 'Santísima Trinidad' y el 'Hércules' construidos en el Reino Unido y gemelos de los más modernos alineados por la Royal Navy...Minutos después de este ataque de saturación con 36 misiles antibuque, le llegaría el turno a una oleada de 6 aviones A4Q Skayhawk con una bomba de 500 kg cada uno. Otro Skyhawk quedaría en labores de caza ligero en modo visual (los aviones carecían de radar) protegiendo al inerme portaaviones.

Lo más probable es que estos seis bravos aviones argentinos fueran derribados antes de o durante su ataque, y que, en el mejor de los casos, retornaran uno o dos. El '25 de Mayo' quedaría virtualmente indefenso frente a los previsibles ataques de represalia, con un A4Q como único interceptor, sin radar, y equipado sólo con un par de misiles aire-aire AIM-9 Sidewinder B de guía infrarroja y corto alcance y su par de cañones de 20 mm, frente a las oleadas de Sea Harriers y de Harriers británicos de los portaaviones 'Hermes' e 'Invencible', si finalmente estos no hubieran sido gravemente dañados en el ataque masivo, armados todos ellos, además, con la última versión del Sidewinder, la el AIM-9 L, de la que sólo disponían hasta entonces los Estados Unidos, y que Reagan suministró a su amiga Margaret a porrillo. A diferencia de los misiles más antiguos, como los que utilizaban los argentinos, que sólo podían dispararse desde detrás del avión enemigo, este nuevo modelo era el primer misil 'todo-aspecto', es decir, se podía blocar y disparar desde cualquier posición, incluso si el blanco venía de frente., algo imposible para el resto.

Los ingleses sacarían buen provecho de esta maravilla tecnológica en sus encuentros con los aviones argentinos, con porcentajes de derribo inusitados hasta entonces. Hasta 20 aviones argentinos de todo tipo fueron derribados por los Sea Harrier en combate aéreo, mientras que estos letales cazas sufrieron cuatro bajas, ninguna en combate aéreo, dos por accidentes y dos abatidos por los antiaéreos argentinos...

El A4Q restante ejercería de cisterna para reabastecer en el camino de vuelta al '25 de Mayo' a los posibles supervivientes. Luego aparecerían los 4 modernísimos cazabombarderos franceses Super Etendard recién adquiridos a Francia y sus Exocet, uno por avión, atacando en este caso desde tierra. Hasta 40 letales misiles Exocet (en una época en que las contramedidas antimisil estaban aún en pañales) lanzados casi al unísono y 6 bombas pesadas para causar un daño terrible a una Royal Navy desprevenida y sin capacidad de respuesta inmediata....

Pero, en el momento decisivo, la falta de viento demoró el despegue de los cazabombarderos embarcados y el temor a perder, como era casi inevitable, y a que fueran hundidas o derribadas, la gran mayoría de unidades empleadas, provocaron la anulación de la incursión aeronaval más arriesgada y ambiciosa desde el ataque japonés a Pearl Harbor.

Quienes estaban a punto de participar de esa operación analizaron que el posible resultado hubiese sido la destrucción mutua de las flotas. A corto plazo un desastre para Argentina, pero no del todo, ya que la magnitud de las pérdidas británicas habría supuesto un duro golpe para el Gobierno conservador y es muy posible que forzado un alto el fuego y la apertura de un proceso de negociación por la soberanía de las islas. Y más teniendo en cuenta el ambicioso programa naval de reequipamiento que había puesto en marcha unos años antes el país suramericano, con la contratación de 6 modernas corbetas y de 4 grandes fragatas fabricadas en astilleros alemanes, cuya entrada en servicio estaba prevista entre 1983 y 1986... Pero se dejó escapar esa ocasión irrepetible, seguramente a favor de salvar cientos de vidas, pero a costa de perder la guerra, las islas y propiciar la caída de la dictadura militar del país.

De la increíble armada de 113 navíos que la Primera Ministra británica envió al Atlántico Sur, 25 de ellos buques de guerra, más dos portaaviones, fueron hundidos 2 destructores y 2 fragatas, y seriamente dañados o fuera de combate dos cruceros, un destructor y cuatro fragatas, un 40% de la fuerza de combate real.

Y eso con fallos en las espoletas de las bombas argentinas, que no tenían tiempo de armarse antes del impacto debido al escaso tiempo de vuelo al ser lanzadas a baja altura para evitar la poderosa defensa antiaérea de la flota británica; un grave fallo finalmente corregido pero que salvó innumerable vidas británicas y quién sabe si no decidió la guerra en favor de los anglosajones.

En total, los británicos lamentaron oficialmente la baja de 255 muertos y de 777 heridos, aunque las fuentes argentinas aumentan mucho estas cifras.

Aterra pensar lo que podría haber significado entonces la Operación Banzai de haberse efectuado cuando surgió la ocasión: la práctica aniquilación de la flota británica, y que, de incluir a los portaaviones en esa lista de bajas, habrían hecho poco menos que imposible la recuperación de las islas por parte de las tropas de Thatcher.

Argentina sufrió la pérdida de 635 fallecidos y 1.069 heridos, siendo sus unidades aéreas las que recibieron un mayor castigo, con 75 aviones y 25 helicópteros de todo tipo derribados, destruidos en el suelo o capturados. Así, la Fuerza Aérea Argentina, la Armada y el Ejército perdieron en combate 10 Douglas A-4B Skyhawk, 9 Douglas A-4C Skyhawk, 3 Douglas A-4Q Skyhawk, 2 Mirage III, 11 IAI M-5 Dagger, 2 Aermacchi MB.339A,  2 bombarderos BAC BMK-62 Canberra, 5 bimotores Pucará de ataque ligero, 4 helicópteros Puma, 1 Westland Lynx y 1 Alouette III hundido en el crucero 'Belgrano', además de 1 C-130H Hercules y 1 Gates LR-35A Learjet abatidos mientras ejercían misión de reconocimiento desarmados, falleciendo los miembros de sus tripulaciones frente a los misiles de los Sea Harrier. Una innecesaria masacre. Pérdidas a las que se suman los aviones y helicópteros destruidos en ataques al suelo: 9 Pucará, 1 helicóptero Agusta A109, 1 Boeing Ch-47C Chinook, 2 Puma, 4 Beechcraft T-34 Mentor, 2 Skyvan 3-M y 2 Bell UH-1H Iroquois, además de los capturados en tierra por los vencedores: 11 Pucará, 2 Agusta A109, 7 Bell UH-1H Iroquois, 1 Boeing CH-47C Chinook, 1 Puma, 3 Aermacchi MB.339A y 2 Bell 212.

En total, el personal aéreo argentino tuvo una alta tasa de muerte: 6 pilotos del Ejército, 4 de la Aviación Naval y 29 de la Fuerza Aérea, a los que se suman los 2 navegantes de los Canberra y 10 tripulantes entre el Hércules y el Learjet...

Hoy, 35 años después, la realidad es bien diferente a aquel 2 de mayo de 1982. Hasta hace poco, los buques argentinos practicaban tiro con munición vencida de los años 50. No hay ya ni portaaviones ni prácticamente Aviación Naval y los vehículos anfibios de Infantería de Marina -vitales en el 2 de abril en la toma de las islas a los británicos- no están disponibles, aunque se tuviese algún buque de desembarco anfibio (que tampoco) con el que llevarlos de nuevo a las islas.

El destructor Hércules fue reconvertido en un transporte rápido prácticamente desarmado para no más de 150 infantes de marina, y su gemelo, el Santísima Trinidad, tras años de baja sin navegar, se hundió amarrado en el muelle... Sin esas dos unidades navales, tampoco se cuenta con cobertura antiaérea de zona, mientras que la Royal Navy acaba de incorporar en su flota a los destructores antiaéreos más poderosos de toda Europa con permiso de las fragatas F-100 españolas. Frente a los 3 submarinos (dos de ellos muy modernos) con los que contaba la Armada en 1982, apenas quedan dos de operatividad comprometida y más de 30 años en sus cuadernas.

Pero mucho peor está aún la Fuerza Aérea Argentina, que en 1982 contaba con unos 120 aviones de primera línea relativamente modernos y con un grado de adiestramiento tan alto en sus pilotos que, con su sacrificio y valor sin igual, a punto estuvieron de impedir el desembarco de las tropas británicas a costa de grandes pérdidas...

Hoy ya, ni eso... seguro que echan muchísimo de menos el puñado de añejos interceptores de la familia Mirage que estuvo en servicio hasta hace apenas unos años, cuyos radares y misiles de corto alcance habían superado hace mucho su vida útil, lo que les impedía volar en los días nublados y emplear algo más contundente que sus cañones de corto alcance en caso de tener que entablar combate aéreo.

Apenas queda nada en vuelo de la veintena larga de aviones ligeros de ataque Skyhawk y Pucará modernizados que hasta hace bien poco eran el puño de hierro de la Fuerza Aérea. Aeroplanos diseñados en los años setenta, incapaces de asustar a cualquier avión de combate británico con el que se pudieran cruzar en el camino, y aún menos a los cuatro cazas Eurofighter permanentemente destacados a las islas para su defensa, que podrían derribar en un santiamén al resto de añejas e infoensvas aeronaves argentinas que aún prestan servicio.

Por no hablar de la potentísima defensa antiaérea y antimisil de la que gozan actualmente todos los buques de la Royal Navy después de las duras lecciones aprendidas en aguas de las Malvinas a costa de tantas bajas propias.

Una ocasión única e irrepetible, desbaratada por la falta del viento necesario en el momento preciso... 

Como dijo Zorg, el inolvidable personaje de Jean Huges Anglade en 'Betty Blue': "C'est le vent, Betty"

2 comentarios:

Conde de Salisbury dijo...

Vaya, como en 1588, el tiempo contra los enemigos de Inglaterra/Gran Bretaña. Felipe II y el general Galtieri unidos en la desdicha meteorológica.

sushi de anguila dijo...

Y en ambos casos, la torpeza del militar al mando... El Duque de Medina-Sidonia en el nuestro y Mario Benjamín Menéndez en el de ellos...